El tremendo accidente registrado en el parque Avellaneda, en el que cinco niños resultaron heridos al caerse una enorme rama de eucalipto sobre el área de juegos, ha desatado un fuerte debate sobre el estado y el mantenimiento de los árboles urbanos. Además, ha puesto sobre el tapete la discusión sobre las responsabilidades de los poderes públicos y del sector privado -tanto comerciantes como residentes- en lo que hace al cuidado de estos vegetales en las veredas de las ciudades.

En efecto, un funcionario desató la polémica al afirmar que se trata de un área concesionada y que por lo tanto debieron ocuparse las personas del negocio de la concesión, pero estas respondieron que habían pedido a las autoridades que se revisara el estado de los árboles de la zona. El debate se prolongó ayer en el Concejo Deliberante, donde ediles anunciaron que se pedirían informes y revelaron que había proyectos no tratados para hacer relevamiento de la cantidad de ejemplares en la ciudad -estimados en unos 460.000 por el funcionario de Parques y Jardines-. Y aunque todo el estamento político y la comunidad quedaron compungidos por la enormidad del accidente, relatado como instantes de horror por los asistentes al parque -una de las pequeñas víctimas se encuentra en estado reservado y los otros cuatro niños también han pasado momentos de dolor y angustia- la situación ha generado la necesidad de un análisis profundo, despojado de peleas políticas, sobre los árboles, no sólo en la Capital, sino también en la Provincia, cuyas condiciones climáticas requieren imperiosamente una amplia cobertura arbórea y una atención especial al respecto. Hace cinco años, ante la tragedia causada por un eucalipto en la avenida Solano Vera de Yerba Buena, se generó esta misma discusión y se argumentó que se trata de una especie no nativa que no es adecuada para sectores concurridos. Entonces salieron cuadrillas de empleados municipales a podar y talar árboles y aunque se anunciaron programas de reforestación, lo cierto es que no se hicieron relevamientos del estado de los árboles, tanto de su cantidad como de su edad y de sus enfermedades, así como de la conveniencia de que haya o no ciertas especies en determinados lugares. El único debate al respecto, que se tenga presente, ha sido a propósito de los naranjos, por el HLB. Por lo demás, no se ha discutido sobre los daños que han tenido los árboles en sus raíces por las excavaciones para poner cañerías de servicios, ni sobre la adecuada forma de podar los grandes ejemplares y la política para reemplazar los árboles grandes, inadecuados, enfermos o avejentados.

Todo esto, por cierto, con la conciencia de que faltan en nuestro medio muchos árboles que ayudan no sólo con las inclemencias del clima y del fuerte calor del verano, sino en la producción de oxígeno en un ambiente contaminado. Se dice que hay 5 m2 de espacios verdes por habitante, cuando el estándar internacional indica que deberían ser al menos 12 m2. En estas condiciones, conviene discutir realmente cómo se va a llevar a cabo una política de cuidado arbóreo y reforestación que proteja en todos los sentidos a la población y que permita saber realmente cuál es la situación en las urbes, y aventar los riesgos.